Por. Marco A. Peralta

La voluntad es justamente uno de los principales temas de la Teología. No solo aparece en la Antropología sino también en la Soteriología. El hecho mismo de la voluntad es una verdad teológica.

Es de vital trascendencia entender la diferencia que la misma teología nos enseña en relación a la libre voluntad en la antropología y en la soteriología.

Con respecto a los que no son regenerados, la Biblia dice que Satanás obra en ellos (Ef.2:2); y del regenerado dice que Dios es el que produce en él “tanto es querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil.2:13). Pero aquí tenemos que ver a que se refiere, si es desde el punto de vista antropológico o desde el punto de vista soteriológico.

Calvino rechazó el libre albedrío debido a la condición de aprobación total en el hombre, el libre albedrío se perdió en la caída. Enseñaba que la voluntad está atada, incapaz de moverse en cualquier dirección distinta al mal. (Soteriología)

Aún así, enseño que el hombre era responsable de sus pecados, pues peca por su propia voluntad y no por alguna causa externa. Más aún, aunque la razón del hombre quedo afectada, él puede discernir entre el bien y el mal; por lo tanto, el hombre es responsable por no desear lo bueno, sino lo malo.

El arminianismo enseña que la caída del hombre no destruyó su poder para elegir. Así, la gracia preveniente mueve a la persona a ver su necesidad espiritual, cosas que le permite escoger la salvación. (Soteriología)

Como podemos ver, ambas posturas se refieren al término de la salvación, y no se refieren al punto de vista antropológico.

Los Arminianos nos dicen lo siguiente:

La gracia previniente tiene que ver con el hombre como un agente libre y responsable. La caída no borra la imagen natural de Dios en el hombre ni destruye alguno de los poderes de su ser. No destruye el poder de pensar, perteneciente al intelecto; ni el poder del afecto, perteneciente a los sentimientos. Igualmente, tampoco destruye el poder volitivo, perteneciente a su albedrío.

Wayne Grudem dice: ¿Somos libres? ¿Tenemos libre albedrío?

Si Dios ejerce control providencial sobre todo lo que pasa ¿somos libres en algún sentido? La respuesta depende de lo que queramos decir con la palabra libre. En algunos sentidos de la palabra libre todos concordarían en que somos libres a nuestra voluntad y en nuestras decisiones. Incluso teólogos prominentes de tradición reformada o calvinista concurren. Tanto Berkhof como Juan Calvino están dispuestos a hablar en algún sentido de actos y decisiones libres del hombre. Sin embargo, Calvino explica que el término está tan sujeto a malos entendidos que el mismo trata de evitar usarlo. Esto se debe a que el libre albedrío no es suficiente para permitirle al hombre hacer buenas obras, a menos que la gracia lo ayude.

La Biblia en ninguna parte dice que somos libres en el sentido de estar fuera del control de Dios o de tomar decisiones que no son causadas por nada. Tampoco dice que somos libres en el sentido de que podamos hacer el bien por cuenta propia sin el poder de Dios. Pero, de todas maneras somos libres en el sentido más grande que cualquier criatura de Dios pueda ser libre; tomamos decisiones voluntarias, decisiones que surten efectos reales. No nos percatamos de ninguna restricción a nuestra voluntad de parte de Dios cuando tomamos decisiones. Debemos insistir en que tenemos el poder de decidir voluntariamente; de otra manera caemos en el error del fatalismo o determinismo, y de ese modo concluimos que nuestras decisiones no importan, porque en realidad no podemos tomar decisiones propias. Una libertad absoluta, totalmente libre del control de Dios, no es posible en un mundo sustentado y dirigido providencialmente por Dios mismo.

Millard Erickson dice:

Los humanos no serían genuinamente humanos sin el libre albedrío. Esto ha dado lugar al argumento de que Dios no puede crear un ser genuinamente libre y al mismo tiempo garantizar que este ser siempre hará exactamente lo que Dios quiere que haga”.

Para que Dios impidiese el mal tendría que haber creado una humanidad distinta a la existente. La humanidad genuina requiere la habilidad de ser, desear, tener y hacer cosas que estén en contra de la intención de Dios. Aparentemente Dios creyó que, por razones evidentes para Él, pero que nosotros solo podemos entender en parte, era mejor hacer humanos que androides. Y, el mal era un componente necesario del buen plan de Dios para hacer que la gente fuera completamente humana.

Aparentemente, para que los humanos tuvieran una elección moral genuina con la posibilidad de un castigo genuino por desobediencia tenía que hacer los mortales. Quizá la única forma de erradicar el mal ahora sería destruir todo agente moral con voluntad capaz de inducir al mal.

Agustín negó el libre albedrío del hombre desde la caída. Pelagio afirmó el libre albedrío como esencial a nuestra naturaleza.

El teólogo Charles Hodge dice lo siguiente al hablar de libertad:

No es poca la ambigüedad que surge al confundir la libertad de la voluntad con la libertad del agente. Estas formas de expresión se usan frecuentemente como equivalentes. Quizá sea lo mismo lo que se designa al decir: “la voluntad es libre” y “el agente es libre” .

Al hablar de libertad de conciencia, cuando queremos decir que el hombre es libre en cuanto a su conciencia, del mismo modo hablamos de la libertad de la voluntad, o libre albedrío, cuando todo lo que significamos es que el hombre es libre al querer algo.

El hombre puede que sea libre, cuando su voluntad está cautiva. Es un hecho correcto y establecido del lenguaje, expresando una realidad de la conciencia, al hablar de una voluntad esclavizada en un agente libre.  “el que comete pecado, siervo es del pecado”. Ejemplo: un hombre que durante años haya sido un tacaño tiene su voluntad en estado de esclavitud, y sin embargo el hombre es perfectamente libre. Está autocontrolado, autodeterminado. Su avaricia es él mismo.

Mantenemos que el hombre es libre, pero negamos que la voluntad sea libre en el sentido de ser independiente de la razón, de la conciencia y de los sentimientos.

Hay tres verdades de las que cada hombre está convencido por la misma constitución de su naturaleza:

  1. Que es un agente libre
  2. Que nadie sino los agentes libres son responsables por su carácter y conducta.
  3. Que no posee la capacidad para cambiar su estado moral mediante un acto de la voluntad.

Ahora bien, si para expresar el hecho de su incapacidad decimos que no es un agente libre, contradecimos su conciencia; o, si él cree lo que le decimos, estaremos quitando su sentido de responsabilidad. O, si le decimos que por cuanto es un agente libre tiene poder para cambiar su corazón a voluntad, de nuevo entramos en conflicto con sus convicciones. Él sabe que es un agente libre, y sin embargo, sabe que no tiene capacidad para hacerse santo a sí mismo.

La libre agencia es la potestad de decidir según nuestro carácter; la capacidad es la potestad para cambiar nuestro carácter mediante una volición. De lo primero, tanto la Biblia como la conciencia afirman que pertenece al hombre en cada condición de su ser; de lo último, tanto la Biblia como la conciencia afirman igual de explícitamente que no pertenecen al hombre caído. Por ello, no debiera de confundirse entre ambas cosas.

El doctor Samuel Clarke, en su controversia con Leibniz, dice: “La capacidad de automovimiento, o acción, que, en todos los agentes animados, es  espontaneidad, en los agentes morales o racionales, lo que llamamos propiamente libertad”. Nuevamente dice: “la verdadera definición de libertad es la capacidad de actuar”.

Para que los humanos sean realmente libres, tiene que haber una opción. La elección es obedecer o desobedecer a Dios. Queda claro que Dios no creó el pecado. El únicamente proporcionó las opciones necesarias para la libertad humana, opciones que podrían acabar en pecado.

Todos los hombres naturales y conversos pecamos. Pero, eso no quiere decir que no tengamos libertad de decisión. Podemos pecar o no pecar; todos tendemos a hacerlo, pero, nuestra conciencia nos detiene para hacerlo. Cuando la conciencia está cauterizada o debilitada ya no hay barrera o impedimento para hacerlo.

Muchas personas argumentan que no hay libre voluntad en el hombre natural como en el cristiano, pues siempre vamos a pecar, pero eso es diferente. Dios nos da a escoger entre las obras de la carne o el fruto del Espíritu, y para ello se necesita decisión, y esto implica libre voluntad. Si no tuviéramos libre voluntad el apóstol Pablo no diría: “Anden o caminen en el Espíritu”, pues estaríamos maniatados para no poder hacerlo.

Todos vamos a pecar, (no practicar el pecado, eso es diferente) como todos vamos a comer, a dormir. Pero podemos decidir ayunar, no dormir, así como tampoco practicar el pecado.

El apóstol Pablo dijo:

(1 Corintios 6:11-12) Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Aquí está involucrada la decisión ¿lo hago o no lo hago? ¿qué me conviene? Puedo pecar o no hacerlo. Siempre continuaremos pecando, pues nuestra naturaleza nos lleva a ello, pero tenemos libre voluntad a pesar de eso. El creyente nunca debe permitir que el pecado tenga control sobre su vida,  sino enseñorearse de él.

(Gálatas 5:1) Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

(Gálatas 5:13) Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

El apóstol Pablo constantemente se regocijo de la libertad gloriosa de los hijos de Dios

(Romanos 8:21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Todos los cristianos somos libres y ya no estamos bajo el dominio de la ley y del poder del pecado. Cristo nos hizo libres, negar esto, es negar el sacrificio de Cristo en la cruz.

(Salmo 1:1) Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.

Al revisar este Salmo podemos ver que existen tres verbos que nos hablan de decisión.

  • Yo decido si ando el consejo de malos
  • Yo decido si estoy en camino de pecadores
  • Yo decido si me siento en silla de escarnecedores.

Si alguien decide es porque tiene libertad de su voluntad.

El apóstol Pablo también nos dice en la Palabra:

(Romanos 12:1-2) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Aquí también los verbos nos indican que existe una libre voluntad en el hombre. Yo decido si presento mi cuerpo en sacrificio vivo que sea agradable a Dios.

Yo decido si no me dejó moldear por el mundo.

Yo decido si ayudo a transformar y renovar mi entendimiento

Yo decido si me transformo, o no lo hago. ¿Qué se requiere para tomar una decisión? Libre voluntad.

El apóstol se refiere en este mandato a no ceder ante la presión del mundo y para ello se requiere voluntad.

Las personas ceden ante la tentación voluntariamente.

¿Cuáles son los requisitos para no ceder?

  1. Tener una visión correcta de Dios
  2. Tener temor de Dios
  3. Tener una relación íntima con Dios
  4. Tener convicciones firmes
  5. Tener valentía
  6. Tener madurez emocional.

¿Por qué existe la tentación si no hay libre voluntad?

La tentación sirve para probarnos. ¿Qué es lo que tiene que probar Dios en nosotros? Lo que decidimos. Caemos en tentación o no lo hacemos y para ello se necesita la voluntad. La tentación es permitida por Dios para probar la condición de nuestro corazón. El deseo de Dios es probarnos para mejorarnos (santificación).

Si Dios permite la tentación (no la envía), entonces debe tener acción beneficio. La tentación va a probar nuestro compromiso con Dios y revelar hasta dónde estamos dispuestos a guardar sus ordenanzas. La tentación puede ser resistida y para ello se usa la voluntad. Decido no caer porque amo a mi Señor.

(Santiago 1:13-14) Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;  sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Toda circunstancia difícil que entra a la vida de un creyente puede fortalecerlo si obedece a Dios y permanece confiado en su cuidado o desobedecer a Dios y sufrir las consecuencias.

(Santiago 4:7) 7Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Yo decido si me someto a Dios y resisto al diablo.

La tentación es parte de ser humano. Dios permite la tentación. La tentación permitida no es  mayor que nuestra fortaleza; tiene límites. Dios nos dará una puerta a través de la cual podemos salir de la tentación. Si caemos, no es porque no podíamos soportar la tentación, ni porque no tuvimos cómo escapar. Nuestras tentaciones siempre vienen acompañadas de un nivel de información que nos permite salir donde debemos y podemos y eso involucra la voluntad.

(1 Corintios 10:12) Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Si no existe libre voluntad porque el apóstol Pablo nos alerta en que no caigamos en demasiada confianza en nosotros mismos.

Algunos caen en picada y otros no. Todos somos potencialmente derrumbables, pero podemos ponernos límites por medio de la voluntad. La mayoría de las personas están tratando, no solo de resistir la tentación con el poder de la carne, sino también de tener una vida de santidad con el poder de la carne, y eso nunca funcionará.

El arrepentimiento involucra también a la voluntad. Una persona sin libre voluntad no podría arrepentirse, pues no existiría en esa persona ninguna conciencia que lo llevara al arrepentimiento.

PUNTOS EN LOS QUE CONCUERDAN TODOS

  1. Concuerdan en que el hombre es un agente libre, en tal sentido que es responsable de su carácter y de sus acciones. La disputa no es acerca de la realidad del libre albedrío, sino acerca de su naturaleza.
  2. Se está de acuerdo en cuanto la naturaleza del libre albedrío, que supone tanto razón como poder activo.
  3. Se admite, por ambos lados, que en todos los casos importantes, los hombres actúan influenciados por motivaciones.
  4. Se concuerda además en que la voluntad no está determinada con certidumbre por motivos externos.
  5. También se puede dar por sentado de las partes concuerdan en que la palabra voluntad debe ser tomado en su sentido propio, restringido. (Soteriología)
  6. La voluntad es aquella facultad mediante la que decidimos hacer algo que consideramos está en nuestro poder hacer.

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